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Bahía de Ítaca

El sabor de la vida / Antonio Regalado

           

El aceite de oliva es el producto que más ha subido  este año en la cesta de la compra; concretamente un 37 por 100. Para entendernos: más del doble que la vivienda. La escasa cosecha y el tirón mundial le convierten en el producto alimentario de más proyección en el futuro inmediato. ¿Estamos ante una nueva etapa del oro verde? ¿Nos encontramos ante un nuevo patrón en la gastronomía? ¿Dinamitaremos la gallina ponedora? ¿Aprovecharemos la oportunidad que se nos presenta para invertir en I+D+i?  Hay que aceptar el reto.
Tres empresas andaluzas han desvelado en la última edición de Alimentaría que sustituyendo las grasas animales por el aceite de oliva se elaboran embutidos más saludables que los actuales. ¿Es ése el camino? ’Olivíssimo’, el programa que patrocina la Junta de Andalucía y la Diputación de Jaén quiere revolucionar la industria agroalimentaria con un doble objetivo: aportar un distintivo de calidad como fuente de salud y abrir nuevas líneas de comercialización al aceite de olvida.
De momento, los productos "mejorados" han sido patés, mortadelas, chóped, salchichas e incluso el jamón ibérico. La filosfía que anima a las empresas innovadoras es simple: la sustitución de grasas animales por aceite de oliva tiene muchas bondades para la salud y ennoblece el producto final. ¿Se puede pedir más? Sí, que el modelo se convierta en un referente exclusivo para exportar a Japón, Reino Unido, a los emergentes mercados del Este y penetrar, definitivamente, con el marchamo de más calidad en territorio estadounidense.
La noticia me sorprendía en fin de semana mientras saboreaba un vino y aliñaba una ensalada con aceite de Murcia. No ha mucho tiempo, una conocida marca de aceite (de oliva virgen extra, por supuesto) nos citaba en un noble convento alcalaíno para degustar aceites. La cata se transformó en un acontecimiento merced a la habilidad de dos expertos como Maria Luís Safont, directora de la fundación  arte y gastronomía y  Segundo López un exquisito de la mesa. Todo, dentro del programa "El yantar por tierras de El Quijote", que ha culminado con una exposición sin precedentes en el Instituto Cervantes, en Londres.  Allí, en la patria de don Miguel, aprendimos a sentir, mediante análisis visual, olfativo, gustativo y táctil que el aceite es algo más que el fruto exprimido de la oliva. Al igual que el coñac, el aceite no se bebe; no,  se huele y se paladea. Entre cata y cata, para quitar el gusto de la muestra anterior, se come manzana y se bebe un sorbo de agua… Todo un rito para descubrir aromas frutados de aceituna madura, de aceituna verde, de hierba verde, de heno recién cortado… El paladar, -y la imaginación- un tanto en trance, se sugestiona con sabores buenos: limpio, fresco, amargo (justo, agradable), sano, dulce, almendrado, piñonado, vegetal… Alcanzar el equilibrio-armonía es el Everest  del placer y del arte.
El legendario árbol del olivo  que nos retrotrae a Noé, a la paloma  y al Arca de la Alianza es símbolo de paz. El aceite es alimento, ungüento o combustible para lámparas… Es interesante conocer que en Babilonia, al médico se le conocía como "usu", es decir, conocedor de aceites. La tradición sitúa en Oriente Próximo y en  la Edad de Bronce (4000 años a.C) el origen de este producto, quizás obtenido por hibridación.  La literatura ha certificado una notable serie de citas además de instalar el olivo en la mitología. En todo caso las dos orillas del Mediterráneo han visto transportar, ora en odres, ora en ánforas de cerámica, aceites griegos  y fenicios.  Hasta existieron barcos "aceiteros", sin doble, caso, naturalmente.
Palestina, Creta, Egipto, Mesopotamia… Allá donde los romanos se extendieron, fueron plantando ese árbol retorcido que crece sin apenas agua  y hasta sobre rocas lunares. Fueron los faraones quienes, mezclándola junto otras esencias descubrieron los cosméticos mientras las ramas de olivo su usaron como collares y  coronas de gloria en los juegos o para adornar las momias. Los mayores bancos  de este producto se encontraban en el delta del Nilo, el río padre de África, el río de la vida.
En la mitología griega, la presencia del olivo es de suma importancia. La leyenda cuenta que una paloma partió de Fenicia para ofrecer una ramita de olivo al templo de Zeus en el Epiro. El mismo origen de Atenas se relaciona  con esta planta, una planta capaz de vivir largos años, sazonar la comida, aliviar las heridas y alumbrar de noche. No es el momento de reescribir la historia de este fruto, de este zumo del olivo… que ha prendido con fuerza y calidad en casi todos los rincones de España.  Es el momento de ensayar nuevas técnicas para que nos siga engrasando la existencia. ¿Alguien podría entender la comida del ser humano - en este hemisferio, al menos- sin este ingrediente tan esencial para aliñar todos los guisos y para dar todo el sabor a la vida? Volveremos otro día con el resto de la historia de este aderezo que nos aliña el paladar. Y que, además, se puede tomar en forma de aceituna… (con o sin hueso).  No olvidemos, que "somos lo que comemos"

El amor no pasa nunca / Antonio Regalado (ver) www.bahiadeitaca.blogia.com

                   
"Quien se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día". Recupero esta sentencia de mi admirado Epicuro (Samos, 341 a. C.,- Atenas, 270 a.C.) para rejuvenecer y ganarle un pulso al tiempo perdido. Este no es un martes  cualquiera sino el día de San Valentín, patrono de los enamorados.  Fue Valentín  obispo cristiano de Roma en tiempos de Claudio III.
Corría el año 270 de nuestra era. El imperio se desmoronaba y por decreto se prohibió el matrimonio al achacar  a los soldados casados sus continuas derrotas en el campo de batalla. Nuestro prelado incitó a los jóvenes enamorados a acudir a él en secreto para unirse en matrimonio. Y esa fue su perdición. Descubierto, Claudio lo hace detener, ordena que lo apaleen y que finalmente lo decapiten.
Durante su cautiverio dice la leyenda que se enamoró de Julia, hija de su carcelero a quien devolvió milagrosamente la vista. La víspera de su ejecución envió una nota a su amada en la que firmó. "De tu Valentín".  La tradición se encarga de engarzar los Lupercales paganos con Cupido, dios del amor… y de esta forma, llega hasta nosotros la costumbre de enviar postales con corazones… rotos, o al menos “partíos”.
El amor es el sentimiento más universal.  Y el más frágil. Es un misterio tan insondable como el de la vida. Se ama en todas partes y se ha amado en todas las épocas. "El amor no pasa nunca", escribia San Pablo a los corintos. Tenía razón. ¿Qué es la vida sino una persecución continua de la felicidad? ¿Qué somos sin amor? Menos que nada. El amor mueve el mundo.  
Nuestro estado de ánimo depende en cada instante del nivel de pasión al ser amado. Hay algo peor que estar enamorado: no estar enamorado. Recordamos siempre el primer amor y el primer beso, por eso: por ser los primeros. Irrepetibles. Y el último. Por amor -desgraciadamente- se muere y se mata. Pero, sobre todo, se vive… Amor es compartir. Ya descubrimos, veinte siglos atrás, que el primer mandamiento es el del amor y leímos en Corintos, 13,1 -12 que "aunque yo tuviera el don de la profecía, y el de la palabra, y todos los bienes… si no tengo amor, no soy nada". ¿Cuántas veces nos detenemos, un instante siquiera,  a meditar sobre el amor y la soledad? No demasiadas.
La Historia ha inmortalizado a Cleopatra, a  Julio Cesar y a Marco Antonio; William Shakespeare nos regaló el amor trágico de Romeo y Julieta; Zorrila reinventó un don Juan seductor e irreverente que se salva por el amor de la novicia doña Inés. El cine consagró  a Mata-Hari, Valentino y Marilyn como mitos eróticos.
Sin amor no se puede vivir, bien lo aprendemos cuando lo perdemos. tan imprescindible como el aire, tan fugaz como el viento, tan etéreo como los sueños. Aún nos preguntamos con el poeta. “Cuando el amor se acaba ¿sabes tú donde va?” Considerando que las personas no deberían sufrir en el corazón, hago mía la proclama de que toda persona tiene derecho a amar y a ser amada; a pisar las hojas secas en otoño, a ver el cielo limpio en invierno, a oler a primavera, y a sentir el verano en la piel.
¿Quién puede resistirse a la ternura de un beso, una caricia o a la mirada de unos ojos color miel? Alguien que me quiere -y a quien no conozco todavía- me recuerda las cinco reglas para ser feliz. Anoto: libera tu corazón de odio. Libera tu mente de preocupaciones. Vive humanamente. Da más. Espera menos. El amor, como todo lo hermoso de la vida, es gratis. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros porque en el atardecer de la vida, como nos enseñó San Agustín,  nos examinarán del amor.

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¿Última oportunidad? / Antonio Regalado

                           

El martes saldremos de dudas. El encuentro Rodríguez Zapatero-Rajoy nos dará la medida exacta de si hay posibilidad o no de que estalle la primavera. O la esperanza.  Nos va la vida en el empeño. Y el límite marcado por el PP de no pagar ningún precio político por dejar de matar no debería traspasarse.  ETA no ha podido superar la masacre del 11-M. Y las prenegociaciones han dejado la pelota en el tejado del Gobierno. El anuncio del alto el fuego permanente es una  contradicción. El alto el fuego siempre es temporal. No se habla del abandono de las armas ni de las  extorsiones, ni  de los chantajes, ni de  la kale-barroka, ni de los miedos por pensar en libertad en Euskadi.  
Los comunicados de ETA -leídos por una mujer encapuchada- no añaden nada nuevo. Más de lo mismo: Autodeterminación, referéndum, anexión de Navarra e Iparralde, cambio del marco jurídico y cese en la ’represión’.  O sea, legalización  inmediata de Batasuna y apertura de una mesa donde abertzales y peneuvistas  digan sí (o sí) a las reivindicaciones de los terroristas.
El presidente del Gobierno ha estado muy bien en el Parlamento. En el fondo y en la forma. Sabe que se avecina un proceso largo y difícil, difícil y largo y que tiene que contar con el PP. “Señor Rajoy, quiero expresarle que mi actitud va a ser de máxima colaboración (y máxima información) para que podamos ver ese horizonte de esperanza que nos una. Créame, tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin del terrorismo y  que han sabido mantener principios constitucionales.
La llamada telefónica de la mañana del miércoles había allanado el camino. Mariano Rajoy bien; ofreció apoyo  desde la leal oposición. Sin rebasar la línea roja. Toda la prudencia es poca. Lanzar las campanas al vuelo  como han hecho los medios de comunicación públicos y privados hablando de paz… -¡Libertad, compañeros, libertad¡- no sólo es exagerado sino improcedente. Baste releer los comunicados para darnos cuentas de que lo único que pretende ETA es no quedarse fuera de juego y amordazar la democracia. Ojo al PNV y al oportunismo del lendakari que ya ha iniciado los pasos para convocar una mesa sin exclusiones.  ¿Una mesa con un Otegi ilegal? Por si acaso, Bono nos decía que ’ni el CNI, ni la Guardia Civill ni los jueces están en tregua’, diga lo que diga el bizcochable del Fiscal General del Estado. Estamos en otro escenario, cierto, pero la ley es la ley. Necesitamos tiempo para creer en el cambio.   

Los comunicados están firmados por asesinos, que han matado, extorsionado y chantajeado a Franco y a todos los gobiernos de la democracia.  Es legítimo intentar buscar el final del terrorismo pero sin olvidar a las víctimas,  sin violentar la Constitución y siempre a la luz y con los taquígrafos del Parlamento. Es el momento de alinearnos todos con el presidente del Gobierno. Apoyémosle en las decisiones que tome desde la unidad. Démonos  otra  oportunidad. ¿La última?

Ha estallado la primavera / Antonio Regalado

     

                             

Eta no ha podido superar la masacre del 11-M. Ha tomado la decisión más difícil para el Gobierno: la negociación. El anuncio del alto al fuego permanente ha teñido la primavera de esperanza. Hay una contradicción evidente en las reivindicaciones de ETA. Habla de un alto al fuego… permanente. El alto al fuego, siempre es temporal.
El término paz, en todo caso, ha inundado en este miércoles grisáceo el Parlamento. ¿Quién puede oponerse a que la paz estalle sobre el horizonte? Nadie puede anhelarla  más que las victimas y sus familias y toda la sociedad española, castigada durante cuatro décadas. Pero…  que nadie se embriague por este adiós a las armas porque este no es el fin de la banda terrorista. Ni de nada. Estamos en otro escenario, nada más.
El presidente del Gobierno llegaba minutos antes de las cuatro de la tarde y atravesaba el pasillo del Congreso camino de su escaño, rodeado de toda la “fontanería” monclovita, que se mostraba exultante. Zapatero caminaba con paso firme. Su rosto reflejaba toda la tensión de la jornada. Abierta la sesión por el presidente Manuel Marín el líder de IU, Gaspar Llamazares cambiaba su pregunta sobre la Ley de la Dependencia “porque hoy en España es más importante la dependencia desgraciadamente todavía de la presión, del terror y de la violencia”. El presidente habló de cautela, de prudencia y reiteró ante la Cámara que el proceso de paz después de tantos años de terror, será un proceso largo y difícil, difícil y largo. “Por tanto, creemos  -señaló el JLRZ- creo que a ese proceso estamos convocados y todos obligados”.
El cambio más significativo se notó en su actitud con Mariano Rajoy. Y viceversa. Por la mañana, ZP le había telefóneado;  han quedado para hablar el próximo martes y, el líder de la oposición aparcó su pregunta sobre el Estatut y se ciñó a la actualidad: “Primero –dijo el presidente del PP- no se puede negociar políticamente ni pagar ningún precio político y segundo, el Estado de derecho tiene que seguir funcionando y aplicando la ley. En estas condiciones brindo mi apoyo y el de mi grupo al Gobierno de la Nación para no pagar ningún precio , para apoyar a las víctimas y mi más estrecha colaboración dentro de los principios que marca el Pacto por las libertades y contra el terrorismo”.
Rajoy no hizo  pregunta alguna y regaló 51 segundos de su tiempo. El presidente, conocedor de que el comunicado de ETA ha cambiado el escenario de norte a sur, utilizó un tono moderado, casi intimista, bien distante del de hace tan sólo ocho días en el mismo escenario. En el hemiciclo, al filo de las cuatro y diez de la tarde, JLRZ, sorprende a la concurrencia, con este Inicio. “Señor Rajoy, quiero expresar nuevamente mi confianza plena en la democracia, en las instituciones, en el funcionamiento de la Constitución, de los valores de la libertad. Tenemos por delante –proseguía el jefe del gobierno- un proceso de trabajo que  exige prudencia, calma, serenidad y voluntad de todos; el gobierno va a hacer todo lo que esté a su alcance para abordar esta cuestión entre todos y muy especialmente con usted; muy especialmente con el principal partido de la oposición. Nos han separado muchas cosas en los últimos tiempos, pero tengo el convencimiento y la confianza en ustedes igual que en todos los españoles. Señor Rajoy, quiero expresarle desde aquí que mi actitud va a ser de máxima colaboración para que podamos ver ese horizonte de esperanza que nos una. Créame, tengo confianza en ustedes, que ha luchado mucho por el fin del terrorismo, que han sabido mantener principios de libertad y principios de democracia y de la Constitución. Como todos tenemos esos  valores, ese mismo deseo y el mismo afán… (Aplausos)
(El señor Presidente: Lo siento, señor presidente. Me veo obligado a concluir). Y Marín, inoportuno, reglamentista, burócrata, cortó de raíz el final del alegato de Rodríguez Zapatero cuando el pleno guardaba un silencio sepulcral. Todos estábamos allí pensando que hay un antes y un después de este comunicado… Y don Manuel Marín, una vez más,  no estuvo a la altura…
Mientras la vicepresidenta De la Vega fustigaba a Zapalana y a Acebes con respuestas al Estatuto y a la inmigración, respectivamente, el presidente preparara en la sala de Gobierno, anexa a la de Pasos Perdidos, el comunicado oficial dirigido a la sociedad española, en la que pedía unidad, ofrecía apoyo a las víctimas y hacia un llamamiento a la sociedad vasca para llegar al fin de la violencia.
Los pasillos eran un hervidero tras el mensaje de ETA, un mensaje al pueblo vasco, no lo olvidemos, con las recomendaciones de siempre; en resumen, leyendo el comunicado lo más significativo es que, por vez primera, o leía una mujer encapuchada. Algo está cambiando en la organización del hacha y la serpiente. Si releemos con atención, comprobamos que las condiciones están claras y son innegociables: soberanía, autodeterminación, territorialidad, anexión de Navarra, la exigencia a Madrid y París para que no se interfieran en lo que decidan los vascos y dejen a un lado la represión.  Más de lo mismo. El chantaje sigue. La pelota la tiene ahora en el tejado el presidente del Gobierno y el Parlamento. Las reacciones de Ibarretetxe a Carod Rovira son de esperanza. Pero que no nos ciegue la pasión del momento. Paz es una hermosa palabra pero la clave de todo el proceso se llama libertad. Y de eso, nada se dice.
¿Va a negociar el presidente? ¿Con quien? ¿En la mesa que proclama el lendakari? ¿En dos diferentes como propugnan los radicales? ¿Estamos ante una oportunidad para el final del terrorismo? Lo importante son los hechos. Y Eta nos ha engañado demasiadas veces. La democracia no puede rendirse en una mesa con nacionalistas y etarras mientras se pide la  ‘neutralización” de los agentes (Fuerzas de seguridad, magistratura, Ejecutivo, etc…)  La carta de ETA ampliando detalles nos dirá si no se trata nada más que de otra tregua-trampa. ¿Van a terminar las extorsiones, los secuestros, el impuesto revolucionario, las amenazas, la kale barroca, las intimidaciones y el  miedo?
Zapatero ha girado –como buen estratega- su actitud beligerante con el PP porque aquí lo importante no es llegar solo ni pronto, sino juntos y a tiempo. Y para esta travesía ningún compañero de viaje mejor que el principal partido de la oposición. Del encuentro Zapatero-Rajoy, en Moncloa, el próximo martes, sabremos si el líder de la oposición sale tranquilo o más confundido que nunca. La prueba del algodón es sencilla: saber si de esa entrevista surge una reunión del Pacto Antiterrorista.
No hay que brindar ni lanzar las campanas al vuelo. Mañana, mañana, será otro día. Unos encapuchados no pueden darnos lecciones de democracia. Que callen las pistolas siempre es bueno, pero no olvidemos ni a los muertos, ni a sus familias, ni al dolor acumulado, ni a la posible impunidad, ni a la injusticia,  ni que el Estatut acaba de pasar el ultimo trámite en el Congreso antes de que lo consagre el Pleno. Todo está ligado.   
El gesto de ETA puede suponer un pulso inmediato al Gobierno para que legalice a Batasuna de cara a los comicios municipales del próximo año, que suavice las condiciones de los presos, incluido el acercamiento al País Vasco o que Otegui pase de ser un procesado con un pié en la cárcel al máximo interlocutor en la mesa de negociaciones. Un héroe. Hay que desconfiar serenamente. ¿Quién defenderá la integridad de Navarra?  ¿Qué hará Chirac? Reitero, hay que desconfiar. Serenamente.   Y ojo al PNV que está celoso porque esperaba la tregua el Día del Aberri Eguna, allá para el domingo de Pascua.
En Madrid este miércoles de la esperanza, amaneció frío, llovió ligeramente, se apagó el sol a media tarde, llovió de nuevo desganadamente y lució el sol hasta el atardecer.  ¿Ha estallado la esperanza? La realidad política ha cambiado radicalmente; la crispación de estos últimos meses se ha tornado en una espera… que a todos nos afecta. Se puede decir cualquier cosa de este país nuestro pero no que le inunde el aburrimiento. El aburrimiento político…
“No hay caminos para la paz, escribió Ghandi; la paz es el camino…”   Lo más importante, es el acercamiento PP-PSOE. No es poco.  Los escépticos  -discupen las molestias por el titular- necesitamos más tiempo para creer. Y más hechos. Pronto. Nada nos alegraría más que ver el final de los terroristas. Incluso dialogando. Sin que se resienta la Constitución.  El panorama es demasiado hermoso… para ser verdad;  pero ¿Eta va a dejar las armas y se entregará con los brazos en alto como pronosticaba JoséBono?
Es el momento de alinearnos todos con el presidente del Gobierno. Apoyémosle en las decisiones que tome desde la unidad democrática.  Demos -démonos-  una oportunidad a que la libertad se instale en toda España. Definitivamente.



Volver a casa / Antonio Regalado*

                             

 ¡Qué hermoso respirar de nuevo los aires del Santuario en este otoño-invierno castigado por la sequía¡ Tan bello como regresar a casa después de un interminable viaje iniciático por la historia y por la vida. No pasa el tiempo; pasamos nosotros. Tornar al Monte Cabezo es volver a empezar. Tengo la seguridad de que la Virgen Morena nos ha protegido a todos con su manto.
La silueta del Monasterio se divisa colgada en el horizonte media hora antes de llegar; y el corazón y el alma se serenan tras decenas de curvas imposibles. ¡Allí, allí está! le digo a Marcial Alvarez, de Mayalde (Zamora) compañero de curso  -y sin embargo amigo- en el 63-64. Recordamos la llegada en aquel verano de fuego del 60 al seminario de la provincia trinitaria sur tras un recorrido en tren desde Salamanca a Madrid-Príncipe Pío y con trasbordo hasta Atocha para llegar, entrada la noche, a Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Teníamos  entonces todos  un denominador común: salíamos por vez  primera de casa y éramos, en su mayoría, hijos de labradores. Los más, monaguillos.
Pero no es el momento de reencontrarse con la nostalgia ni mucho menos de mirar hacia atrás. Al fin y al cabo, solo han pasado nueve lustros. Por el espejo retrovisor,  en este sábado de mediados de octubre, víspera de Santa Teresa, mientras serpenteamos desde Andujar, divisamos un cortejo de coches  que, intuíamos, se dirigían al mismo punto: el I Encuentro de Antiguos Alumnos.
La idea, coincide en el tiempo con los 75 años de la llegada de los PP. Trinitarios a la Roca. Mil preguntas se agolpan en la mente y en el corazón mientras se acortan, metro a metro, las distancias de "regreso a casa". Los corzos observan la comitiva con curiosidad de una tarde soleada. En un restaurante próximo al final del trayecto tenemos la primera cita; el padre José María Ledesma, compañero desde primer curso (y junto a Gregorio Reyes, los únicos elegidos) reponían fuerzas. A pesar de que estaba a rebosar, fue fácil encontrar el grupo "trinitario"; bullicioso, extrovertido, ingenioso… el Padre Francisco Lillo nos da un abrazo. Cuesta un poco reconocer al resto. Luego, a todos nos suenan los apellidos, el curso, las anécdotas… De pronto, Marcial y yo reconocemos a ABC (Antonio Berdión Cortés) llegado de los confines de Zamora, junto al Duero; él fue el segundo, tras Pitena, en abandonarnos en el Santuario, en el invierno del sesenta y cuatro. Está hecho un chaval. La muchachada va aumentando.
Tras los postres, enfilamos en caravana los últimos kilómetros. Las curvas se suceden; el horizonte del santuario se divisa en todo su esplendor.
Veinte minutos después ganamos la explanada. Y allí, colgado del cielo, el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Parece más grande que nunca. A pesar de que la sequía ha golpeado  los paisajes por los cuatro puntos cardinales, la paz solo se rompe por una juventud que asciende ilusionada hasta la cumbre. La montaña ha removido conciencias y la fe se refleja en los ojos de los caminantes. Ese resurgir mariano es un logro trinitario más, un premio a la lealtad de servicio a las gentes y a la morenita.
 
 
Hoteles, apartamentos, casas de cofradías… todo invita a quedarse. El viaje desde Madrid es largo pero no sentimos el cansancio.
La cita tiene hora: las siete y media. El sol acaricia poniente. Ascendimos a pie, como en los viejos tiempos  para ganar esa panorámica serena que únicamente tiene sentido desde el epicentro-plataforma del santuario. La iglesia y el convento ’flotan’ sobre las crestas de las sierras superpuestas del este al suroeste. El paisaje se recrea en la retina al igual que ocho lustros largos atrás. Las mismas sensaciones de inmensidad. El pantano, Jaén, los pueblos encrestados y encalados, las haciendas del sur del sur… todo parece nuevo y distinto, viejo y distante a la vez. Las querencias se funden con los recuerdos. La alegría se sobrepone a la añoranza.
Las presentaciones se suceden vertiginosamente. Hay que reconocer -sin equivocarse- los rostros y sonrisas de la niñez… ¿Manuel Cabezas? Nos damos un abrazo…
- Sí, tú eres Antonio. ¿Y aquél que habla con Paquito? Paquito se ha presentado con su esposa e hija pequeña.
-  Marcial; es profesor en los jesuitas de León.
El grupo va agrandándose curso a curso. Las anécdotas se suceden. Los más "progresistas" cuentan la batalla de la huelga como  si se tratara de la revolución del 68 en Paris. A los veteranos lo de la ’huelga’ nos sonaba a chino. ¿Huelga? ¿Quien sabía entonces qué era y para qué servía una huelga? Yo, desde luego, no.
Rodeamos  caminando el convento. Por la parte sureste las escaleras  han quedado cortadas por el tiempo. Al frontón se lo llevó un viento traicionero de una noche invernal. Se ha levantado la parte izquierda. La fachada frontal, equilibrada. El paisaje es el mismo aunque ya no encontré con la vista  la calzada romana. El Parador, otrora centro del poder terrenal se ha venido abajo. Lástima que Patrimonio no lo ceda al Santuario para ampliar los servicios.  Entramos en la iglesia donde la piedra es una prolongación de las rocas.  (" … Y sobre esta piedra edificaré tu iglesia)" 
A pesar de la sequía, los horizontes desde la explanada de la Iglesia, magníficos. Los identifiqué enseguida. Habían pasado 41 años de nuestra  primera estancia y 45 desde que nos conocimos a mediados de septiembre del curso  60-61 en Alcázar de San Juan. Nos reunimos 150 de los 656 seminaristas que pasamos por el Seminario durante 25 años y parte de las familias. 
El acto fue sencillo: rezamos la Salve ante la Virgen después de la bienvenida del padre general que había llegado ’ex profeso’ de Roma -nos dijeron- para la ocasión. ¡Cuántos recuerdos acumulados, qué sensaciones tan iguales a las de la juventud¡ La situación se presentaba mágica.  Cuando bajamos a cenar la luna estallaba en el cielo. Era una noche preciosa. No hacía frío. Ni calor. No faltaron los coros "romeros" (que no rocieros) que cantaron a la Virgen. Todo era nuevo, distinto, diferente… y a la vez tan igual. Nos retiramos al hotel -han construido tres o cuatro- a la una. Noche cerrada, abierta de en par a fraternidad.
Los padres (ministros, servidores) que han llevado el peso del Santuario fueron explicando sus experiencias. Era como si el tiempo se hubiera detenido en la mitad de la sierra. En mi hoja de notas tengo anotada esta frase de alguno de los oradores, quizás del padre Rector Domingo Conesa: "somos los enchufados de Dios".
Tardé en conciliar el sueño, más que nada porque unos jóvenes de algún centro próximo les dio por tocar las campanas de la puerta de entrada de alguna cofradía. Cuando aterrizamos en el restaurante para desayunar Fernando Alonso había ganado su séptima G Premio F1 y había consagrado su liderato mundial. Prueba de que con esfuerzo, se triunfa porque mientras se lucha no se fracasa.
El domingo, amaneció primaveral. A las diez y media teníamos cita los alumnos en el salón de actos, un espacio nuevo para nosotros.  De la salutación del Padre José Hernández Sánchez  recuerdo la voluntad de servicio que hemos adquirido los que tuvimos el privilegio de estudiar y aprender en esta casa y del ambiente familiar que disfrutamos. No había oído hablar de Juan Gil Antonio de la Bella ni de los 200.000 cautivos liberados por los trinitarios. Yo más de una vez y más de diez he tenido que salir defendiendo a la Orden porque siempre son ’otros’ los que  rescataron a Cervantes de Argel.  Tengo que reconocer que aunque el periodismo me ha llevado, demasiado aprisa por a medio mundo nunca he olvidado que comencé mi educación en los Trinitarios. No me he hecho rico más que en experiencias y me precio de seguir siendo honrado. Ética, austeridad, son dos conceptos que se cimentaron en la "domus" trinitaria desde la casa familiar de labranza.  Y, a decir verdad, ha resultado un equipaje liviano en el proyecto de vida social y profesional.
Luego, cada uno de nosotros se fue presentando. Más allá de las anécdotas, tengo que reconocer que el ser trinitario, "marca"; es un estilo. Supimos entonces que los de Vitigudino eran más… pero  terminamos descubriendo que len equipo somos los mejores.   Es curioso pero tengo la sensación de que la Virgen nos ha protegido a todos desde que entramos en la orden.  Peinábamos canas la mayoría pero creo que seguimos siendo unos "enchufados" de la Virgen.
La proyección del DVD nos retrotrajo a la niñez. La presencia trinitaria en el Santuario y en la Historia ha sido ingente. Un servicio a la comunidad como predicaron y practicaron los Padres Fundadores. Y aquí estamos, laicos y seglares en el mismo barco, "en la casa de la Trinidad y de los cautivos".
Asistimos a la misma solemne de mediodía.  El templo abarrotado. Cuánta fe; el amor, como decía San Agustín no pasa nunca.  Acudieron las cofradías de Sevilla y Granada para amenizar la Misa con canciones romeras.  Allí comprendí que esta gente buena y andaluza canta con tanta pasión, fe y entusiasmo que la interpretación es toda una confesión a corazón abierto para agrandar la vida y la esperanza. Enseguida contagian a los peregrinos. En el momento de la paz me fundí en un abrazo con el amigo y paisano  José María Ledesma, (de Aldeadávila de la Ribera  (Salamanca) otro semillero de vocaciones trinitarias), un abrazo extensivo al resto de compañeros de viaje.
Con sus canciones, creen y crean esperanzas colectivas. Durante la comunión una joven  interpretó  el "Ave María", de Haendel, con una letra especial dedicada a la Virgen de la Cabeza que es chiquita y morena... Luego, foto de rigor (más de 200 personas) en la peña sobre la que se asienta el Santuario, fotos por cursos para plasmar el momento histórico y almuerzo de confraternidad; más canciones "romeras" (ya sabéis, cantar es rezar dos veces) y de vuelta a Madrid.  Las despedidas luchando contra el tiempo, apresuradas; nos acercamos a la falda del Santuario, donde otrora jugábamos al fútbol y pudimos comprobar que aquellos árboles que bañamos plantado, como pioneros de la defensa de la tierra de la naturaleza habían sido arrasados por la desidia. 
Con el bolígrafo en ristre, con las canciones romeras de fondo, aún tuve tiempo para recuperar la inscripción que puede leerse en el monolito frente al restaurante montero:
"Cuando termine la cruzada, haremos de este monte y de estas ruinas un lugar de recogimiento y de recuerdo, para que, cuando vengan aquí nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, puedan sentirse en su propia casa y puedan bañar su espíritu en nuestro espíritu".  Nuestra cruzada era de paz y estaba escrita sobre el viento con esta plegaria "Bienvenido el pueblo que canta y reza a la Virgen bonita de la Cabeza".

Revivir vivencias tan lejanas pasadas por el tiempo resulta gratificante. Todo estaba tan fresco. ¡Todo ha ido tan aprisa...¡ Ha sido hermoso pararse a rememorar, sin ira, el pasado…¡ La vida ha sido mucho más fácil tras pasar cuatro años entre estos muros cargados de tanto pasado como futuro. Visualizando el reencuentro desde la orilla del nuevo milenio,  ¡qué manera de sentir¡ ¡q ué manera de soñar¡

Un recuerdo a los ausentes: Me hubiera gustado, compañero trinitario,  que hubieras estado allí... La verdad es que por lo escuchado -yo lo dije en mi presentación- a todos nos había impactado y condicionado la vida el paso por el Seminario. 
Al regreso, paramos un momento en el monumento al jabalí que está a unos cuatro o cinco kilómetros del Santuario - a unos 2 en línea recta por la sierra- para hacernos unas fotos. Vimos dos ciervos y un jabalí. Ningún lince. Regresamos s  Andujar por una carretera que en sus 32 kilómetros tiene 365 curvas... Al tomar la autovía Córdoba Madrid, uno empezaba a entrar en contacto con la otra civilización. El viaje fue corto, ameno y sin sobresaltos. He dormido perfectamente pero mi pensamiento todavía seguía allí. Le pedí a la Virgen algunas cosas que espero que con el tiempo nos conceda... Al fin y al cabo, allí aprendimos a ser buenas personas... 
Este I Encuentro Trinitario de Antiguos Alumnos ha encendido el "fuego" sagrado cubierto, quizás por el polvo del camino; no nos vamos con las manos vacías. Debe ser el preámbulo de otro encuentro antes de que nos alcance la década siguiente. Volveremos, amigos. ¡Que la Virgen nos bendiga¡
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*Antonio  Regalado es periodista y fue alumno trinitario del Santuario en el curso 63-64.

Colgada del amor / Antonio Regalado

                                        

No ocupará nunca las portadas de los periódicos ni  abrirá los telediarios. Su caso, perdido en las páginas de sucesos, no movilizará a los progresistas de salón. Habrá que seguir golpeando sus conciencias para que no olviden la historia de Atefe Rayaba porque no es la primera ni será la última víctima del integrismo, esa dictadura religiosa que cercena los derechos humanos todos los días y a todas horas. Y que nos invade como una plaga mauritana.
La noticia fechada en Mazarán (Irán), llegaba en los estertores del estío. Mazarán es una ciudad que nació  a la vida al ponerse en marcha la presa de Shahid Rajaee y que, gracias al río Dodogangh, riega 52.000 hectáreas de terreno antes baldío. Un paraíso, que ahuyentó las inundaciones y la muerte, asentado al noreste de Teherán, junto al mar Caspio.
La construcción primero y el establecimiento después de una colonia de trabajadores de la central hidráulica permitió que Atefe, 16 años, una bella  joven, -negros cabellos como la noche oscura del alma y ojos color miel- conociera al hijo del ingeniero de la obra. Cupido hizo el resto. La policía religiosa de los ayatolás, tras las denuncias de un vecino despechado,  no tardó en acechar  a la pareja bajo los pinos resineros a punto de estallar. Aquella tarde, mucho antes de  que la luna abandonara su lecho, no acababa nunca. Un ligero viento del este mecía las hojas de los árboles. Los enamorados, con el fuego en el cuerpo, se fundieron en uno. Y en esa entrega, donde el mundo se torna plenitud, en ese instante mágico y único,  los vigilantes de la virtud los pillaron in fraganti.
El resto de la historia, para Atefe, es fácil de imaginar: detención por “actos contrarios a la castidad”, encarcelamiento  y juicio. A fe que juicio injusto. Atafe Rayaba tuvo que asumir su propia defensa porque el juez le negó el derecho a un abogado. Y el de oficio se excusó por enfermedad. Por cierto, el juez, que es además el fiscal del distrito, se la juró  cuando la asustadiza joven, en un momento de dignidad a lo Juana de Arco,  criticó la hipocresía moral del país y osó, como protesta,  quitarse la ropa ante el tribunal.  Rebelde con causa. Culpable. Entonces, el magistrado, montó en cólera, abandonó otros quehaceres   y se juramentó darle un escarmiento a ella y a sus conciudadanos tras firmar, sin que le temblara el pulso, su condena a muerte. En menos de tres meses obtuvo la ratificación del Tribunal Supremo y la firma de Mahamud Sarudi, presidente de la máxima instancia de administración de Justicia de la República Islámica. La familia no pudo invocar el derecho de gracia.
La sentencia se ejecutaba  días después en la calle del ferrocarril, en el centro de la ciudad de Mazandarán, lugar destinado a los espectáculos públicos.  El propio juez, cuyo nombre se omite,
-siempre se protege a los torturadores- se encargó de ajustar la soga al cuello de la joven Atefe y, alzando el brazo, dio la orden para elevar la grúa de la que colgó la joven que había cometido el pecado de enamorarse. Colgada del amor. Con el balanceo la sangre hirvió por un momento en sus venas. Añade la noticia que, consumada la ejecución en la plaza pública, el propio juez explicó a los familiares que había sido ahorcada por su descarada actitud  en la sala.
Atefe Rayaba fue enterrada esa misma tarde con una sonrisa giocondiana. En su mano derecha, de interminables y huesudos dedos los verdugos encontraron una carta, denunciando el sistema político y religioso; pedía perdón a sus padres y hermanos por la deshonra. Reiteraba en la misiva su amor por su Romeo: “He conocido la felicidad. Muero pensando en ti. No te olvidaré nunca.  Gracias, amor. Siempre tú. Siempre”.  Al otro lado de la noche, su tumba fue profanada y su cuerpo desapareció. Sin más. La familia –apestada socialmente por tener una hija que no llegaría ya  virgen al matrimonio- espera inútilmente explicaciones por esta salvajada. Todavía.
El joven con el que yació la joven ahorcada y cuyo nombre tampoco se refleja en la noticia –ni ella desvela en la última carta-, noticia, decíamos, llegada de las orillas del Mar Caspio, fue condenado a 100 latigazos y después quedó libre.
He aquí discriminación y violencia de género en estado puro. Y sin que ninguno de nuestros pancartistas de fin de semana   escriba un sms  de protesta o se manifieste ante la embajada de Irán.  Siempre es más fácil mirar hacia otro lado. Cuatro personas son ahorcadas públicamente en la antigua Persia cada semana –no se pierdan el detalle-  en presencia obligatoria  de sus familiares. Por lo de escarmentar. Es una marca que estigmatiza también a los deudos y amigos de por vida.
Ya el pasado año, la policía política de Arabia Saudita cerraba las puertas de un colegio en llamas impidiendo salir por la ventana a sus diecisiete ocupantes –diecisiete señoritas- porque previamente se habían despojado de su toca y se les veía la cara. ¡Ojo al delito!. Perecieron achicharradas ante la complacencia de los viandantes que apoyaron a los policías. Insólito y cruel. Así es el sistema islámico. Lo de la ablación es una broma comparado con la realidad de cada amanecer. ¿Cómo no recordar de nuevo la condena a  lapidación de Amina Lawal?
Cuando la religión se antepone a la razón y a la libertad nos topamos de golpe con la intransigencia y con los fantasmas del miedo y del pasado. El integrismo es el nazismo de nuestro tiempo. Así de simple. Los que hablan de lucha de civilizaciones   saben perfectamente que con los islamistas no se puede dialogar en igualdad de condiciones. Su religión es el odio y su odio la religión. Cuando no hay libertad, obvio es insistir, tampoco existe  democracia. Tanta crueldad no puede albergar esperanza ni futuro.¿Qué edificio se puede construir sobre las cenizas del asesinato de una joven  a sangre fría?  ¿Qué clase de religión permite  masacres legalizadas en el código Penal? ¿Dónde se oye la voz de Naciones Unidas? Elevemos una plegaria por el descanso eterno de la joven Atefe Rayaba, que se rebeló sola, tremendamente sola, contra el poder iraquí. Aprendamos la lección. Quedan aún miles  de Atefes iraníes luchando aún por pasear su amor por los hayedos y pinares. Mañana, quizás mañana, los jóvenes musulmanes podrán amar, además,  en libertad. Su semilla florecerá, a lo mejor, en primavera.  Que los creyentes pregunten a Alá, el grande y el misericordioso, por qué permite tanta crueldad inmisericorde.   Y que nos lo expliquen a nosotros, los infieles. Y a los padres de Atefe.  No invocamos blasfemia si no la clemencia del Altísimo. Pero no habrá respuesta.  Tan sólo escucharemos el silencio de la soga  en las alturas de la grúa, asfixiando  el cuello de Atefe Rayabam, la joven tierna de ojos color miel, colgada del amor.